Foto: Mayerlin Martínez
En el templo fueron sepultados en el piso, parte derecha de la entrada el general Eustaquio Ducoudray Villavicencio (1845–1940), ilustre militar higüeyano que participó en la Guerra de la Restauración.
Higüey, La Altagracia. — Mientras miles de peregrinos y turistas dirigen su mirada hacia la imponente Basílica Catedral Nuestra Señora de La Altagracia, a pocas calles permanece otro atractivo religioso, turístico y cultural que resguarda parte de los orígenes de la fe y la historia de Higüey: la Iglesia San Dionisio.
Considerada una de las edificaciones religiosas más antiguas de República Dominicana, esta iglesia ha sido testigo de siglos de acontecimientos vinculados con el desarrollo de la ciudad y la evolución de la devoción a la Virgen de la Altagracia.
El lugar donde nació una tradición
El obispo de la Diócesis de Nuestra Señora de la Altagracia, monseñor Jesús Castro Marte, destaca el profundo significado histórico y religioso de San Dionisio.
De acuerdo con el prelado, el historiador Vetilio Alfau Durán señala que fue precisamente en el lugar donde hoy se encuentra la iglesia donde, según la tradición, apareció por primera vez la imagen de la Virgen de la Altagracia, en un árbol de naranjo.
La tradición sostiene que la imagen habría sido traída a Higüey por los hermanos Trejos, procedentes de Plasencia, Extremadura, España.
“En este lugar sagrado, a partir de su fundación, comenzaron las peregrinaciones de personas procedentes de diferentes lugares del país”, explica Castro Marte.
El obispo también cita los estudios de Alfau Durán, quien señala que la iglesia y santuario de Higüey fueron bendecidos en 1573, durante una visita pastoral de fray Francisco Andrés de Carvajal.
Para Castro Marte, el valor de San Dionisio trasciende lo estrictamente religioso y abarca dimensiones históricas y culturales, al tratarse de un templo con aproximadamente cinco siglos de historia y vinculado, según la tradición, con los orígenes de la devoción altagraciana.
La tradición sobre la aparición de la Virgen dio paso a una de las expresiones de fe y peregrinación más antiguas del pueblo dominicano, que adquirió especial fuerza después de la batalla de la Limonade, en 1691.
La importancia de San Dionisio también se extiende a la memoria histórica de Higüey.
Castro Marte recuerda que el templo estuvo vinculado con el antiguo cementerio de la época colonial que funcionaba en sus alrededores. En el piso de la iglesia, en la parte derecha de la entrada, fueron sepultados los restos del general Eustaquio Ducoudray Villavicencio (1845–1940), ilustre militar higüeyano que participó en la Guerra de la Restauración.
Asimismo, existe una tradición histórica según la cual, en el lugar donde posteriormente fue construida la iglesia se encontraba el primer cementerio indígena de la Villa de Salvaleón de Higüey.
Estos elementos aumentan el valor histórico y cultural del templo y su entorno.
Actualmente, el personal de San Dionisio explica a peregrinos y visitantes parte de la historia del lugar, incluida la tradición sobre la aparición de la imagen de Nuestra Señora de la Altagracia.
Foto: Mayerlin Martinez
El Pozo de la Virgen
A pocos metros de la iglesia se encuentra el Pozo de la Virgen, una sencilla estructura de ladrillos rodeada de relatos que forman parte de la tradición religiosa de Higüey.
Según la tradición oral, el pozo habría surgido durante un incendio que afectó los antiguos tejados de paja cercanos al templo, y sus aguas habrían contribuido a controlar las llamas.
Durante años, sus aguas fueron utilizadas por habitantes de la zona, mientras su cercanía con San Dionisio alimentó la creencia de que eran benditas.
Aunque actualmente permanece clausurado, el pozo continúa formando parte del patrimonio religioso y cultural que rodea al antiguo templo.
Valor turístico
Para Radhames González, director provincial de Turismo, San Dionisio constituye uno de los principales patrimonios históricos y religiosos de Higüey.
Su importancia, sostiene, trasciende lo religioso e incluye dimensiones históricas, arquitectónicas, artísticas, culturales y turísticas.
“Visitar San Dionisio es acercarse a los orígenes de Higüey”, plantea González, al destacar que la ciudad conserva más de cinco siglos de fe, historia y patrimonio.
Desde el Ministerio de Turismo y la Oficina de Turismo de Higüey se ha planteado una visión integral para conectar los principales espacios vinculados a la historia y la devoción altagraciana.

Foto: Ministerio de Turismo
La Vía Sacra
Una vía que une dos momentos de la historia
En ese propósito se inscribe la Vía Sacra, concebida como un vínculo entre dos momentos de la historia religiosa de Higüey: el antiguo santuario asociado a los orígenes de la devoción y la monumental Basílica que actualmente recibe a miles de peregrinos.
El recorrido permite acercarse a diferentes etapas de la historia de la devoción mariana en la ciudad.
A este proyecto se suman las aceras frontales y perimetrales de la Basílica y el acondicionamiento del Parque de la Mujer, con el objetivo de articular el entorno.
Turismo también trabaja junto al párroco, POLITUR y la Alcaldía Municipal en aspectos relacionados con seguridad, limpieza y mantenimiento, mientras se han acompañado gestiones para mejorar servicios complementarios para los visitantes, incluidos los baños.
La promoción del templo incluye jornadas de Open House para turoperadores y otros actores del sector, con el propósito de incorporar San Dionisio a los circuitos turísticos y fortalecer los recorridos nacionales e internacionales.
La visión es consolidar un circuito que integre la Basílica Catedral, el Museo de La Altagracia, la Vía Sacra, San Dionisio, el Parque de la Mujer y el Centro Histórico de Higüey.
“La Basílica representa la expresión monumental y contemporánea; el Museo nos ayuda a comprender la historia; la Vía Sacra establece la conexión; y San Dionisio nos lleva a sus raíces”, explica González.
Actualmente no existe un sistema permanente de conteo que permita establecer una cifra mensual oficial de visitantes al templo. González señala que el flujo aumenta durante las principales celebraciones religiosas y considera necesario establecer un mecanismo que permita conocer la cantidad y procedencia de quienes llegan al lugar.

Recibimiento del cuadro de la Virgen de la Altagracia en 1922 (foto tomada de imágenes de nuestra historia)
Una iglesia que también cuenta la historia de Higüey
El historiador higüeyano Francisco Guerrero Castro explica que originalmente el templo estuvo vinculado al culto de Nuestra Señora de la Altagracia y comenzó a llamarse San Dionisio a partir de 1694.
Según sus investigaciones, en los primeros tiempos de la villa existió una ermita construida con madera de palma y techo de cana.
Posteriormente, la construcción del templo de mampostería comenzó en 1567 y concluyó en 1572, con recursos destinados para ese propósito por Francisco de Dávila.
Guerrero Castro destaca que la iglesia desempeñó un papel fundamental en la consolidación de la antigua villa de Salvaleón de Higüey, tanto desde el punto de vista religioso como social y urbano.
El historiador recuerda además que en 1573 el templo fue consagrado por fray Francisco Andrés de Carvajal, durante su visita pastoral a Higüey.
Durante la época colonial, la parroquia cumplió funciones que iban más allá del culto: sirvió como espacio de asilo y refugio y también como una de las primeras escuelas de la época.
El templo conserva elementos arquitectónicos poco comunes en el país, entre ellos una nave única, bóveda de cañón, ábside poligonal y contrafuertes exteriores, dentro de una construcción de tradición colonial y rasgos mudéjares.
En su interior sobresale un antiguo retablo de madera de caoba tallada de estilo barroco, vinculado durante siglos al culto de Nuestra Señora de la Altagracia.
Para Guerrero Castro, uno de los principales valores patrimoniales de San Dionisio radica en que allí permaneció vinculada la imagen de la Virgen durante más de cuatro siglos, antes de su traslado a la actual Basílica en 1971.

Parte interior del templo, foto Mayerlin Martinez
Preservar un patrimonio vivo
El valor de San Dionisio también implica una responsabilidad colectiva: protegerlo.
Monseñor Jesús Castro Marte llama a los visitantes a mantener un comportamiento respetuoso y acorde con el carácter sagrado e histórico del lugar, así como a contribuir con la conservación de sus puertas, estructuras y calles adoquinadas.
De manera especial, solicita evitar la circulación de vehículos de carga pesada por los alrededores, debido a la necesidad de proteger la estructura histórica y el entorno.
Desde la perspectiva turística, González señala que uno de los principales retos consiste en encontrar un equilibrio entre conservación, actividad religiosa y aprovechamiento turístico.
“San Dionisio no es un museo; es un templo vivo”, plantea.
A la conservación estructural se suman desafíos como seguridad, iluminación, limpieza, señalización, accesibilidad, servicios sanitarios e interpretación turística.
Para González, poner en valor el templo no significa transformarlo, sino conservar su esencia y hacerlo comprensible y accesible para las presentes y futuras generaciones.
Francisco Guerrero Castro considera que San Dionisio debería ocupar un lugar destacado dentro de la oferta de turismo histórico y cultural del país, debido a la historia y significado que concentra.
Su proximidad con la Basílica puede hacer que pase inadvertido para algunos visitantes, pero también representa una oportunidad para mostrar que, a pocos metros del principal centro de peregrinación de Higüey, existe un templo del siglo XVI estrechamente relacionado con los orígenes de la devoción altagraciana.
Mientras la Basílica de Nuestra Señora de La Altagracia concentra buena parte de la atención de quienes visitan Higüey, San Dionisio ofrece otra puerta de entrada a la historia de la ciudad.
Entre sus muros, su arquitectura colonial, el Pozo de la Virgen, la Vía Sacra y las tradiciones transmitidas durante generaciones permanece un relato que conecta la fe de los primeros peregrinos con la devoción que hoy reúne a millones de personas en torno a la Virgen de la Altagracia.
La Iglesia San Dionisio no es solamente un templo antiguo. Es un espacio donde convergen religión, historia, cultura, memoria e identidad.
Preservarlo y darlo a conocer significa proteger una parte esencial de la memoria de Higüey y de la historia religiosa y cultural de la República Dominicana.
















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