Foto de archivo
Este 17 de marzo se cumplen 51 años del asesinato de Orlando Martínez Howley, uno de los crímenes más emblemáticos contra la libertad de expresión en la historia de la República Dominicana.
Martínez, destacado periodista y férreo crítico del gobierno de Joaquín Balaguer, fue asesinado a tiros el 17 de marzo de 1975, en medio de un contexto marcado por la represión política, las persecuciones y las denuncias constantes de violaciones a los derechos humanos durante los llamados “12 años” de ese régimen.
Nacido el 23 de septiembre de 1944 en Las Matas de Farfán, provincia San Juan, Martínez mostró desde joven una fuerte vocación por la comunicación social y un compromiso con las causas sociales. Fue director de la revista Ahora y columnista del periódico El Nacional, desde donde denunció injusticias, abusos de poder, torturas y el impacto de intereses extranjeros en el país.
Su trabajo periodístico incomodó a sectores del poder. La firmeza de sus escritos y su capacidad de análisis lo convirtieron en una de las voces más influyentes y, a la vez, más perseguidas de su tiempo. Sus críticas directas al gobierno lo colocaron en el centro de tensiones políticas que, finalmente, desembocaron en su asesinato.
El caso permaneció impune durante más de dos décadas, hasta que en 1996 el entonces presidente Leonel Fernández ordenó su reapertura. Años después, varios militares fueron condenados por el crimen, entre ellos los generales Salvador Lluberes Montás y Joaquín A. Pou Castro, quienes recibieron sentencias de 30 años de prisión junto a otros implicados.
A pesar de las condenas, el caso dejó profundas interrogantes sobre las responsabilidades intelectuales del asesinato, un tema que aún genera debate en la sociedad dominicana.
Hoy, Orlando Martínez es recordado como un símbolo de la libertad de expresión en el país. Su legado permanece vivo en la memoria colectiva, así como en murales, bustos y espacios públicos que llevan su nombre.
Su último artículo, titulado “¿Por qué no, doctor Balaguer?”, se convirtió en una pieza histórica del periodismo dominicano, reflejo de su valentía y compromiso con la verdad en uno de los periodos más complejos de la vida democrática nacional.

















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