De mi puño y letra
En tiempos donde la inmediatez prima sobre la reflexión, se ha vuelto cada vez más común un fenómeno preocupante: la falta de sensatez, análisis y lectura comprensiva en las interacciones cotidianas, especialmente en los espacios digitales. Vivimos en una época donde muchos no leen para entender, sino para responder. No interpretan para construir, sino para contradecir.
Esta tendencia revela una falla profunda, no sólo en los hábitos de lectura, sino también en la forma en que nos relacionamos con el conocimiento, las ideas ajenas y el diálogo. Se ha perdido el arte de leer con atención y humildad; se ha sustituido por una lectura superficial, emocional y reactiva, cuyo único propósito parece ser encontrar una frase que “permita” rebatir, muchas veces sin haber entendido el contexto, el tono o la intención original del autor.
Leer no es solo mirar palabras
En redes sociales, foros o incluso en intercambios personales, es frecuente ver cómo se responde con frases fuera de contexto, con acusaciones infundadas o con opiniones que claramente no se derivan de una lectura comprensiva del texto original. ¿El motivo? Una mentalidad defensiva que ve cada opinión ajena como una amenaza, y cada argumento distinto como un enemigo a vencer, no como una idea que puede enriquecer la propia visión del mundo.
Pensar antes de responder
La sensatez es la capacidad de actuar con buen juicio, prudencia y madurez. Y para poder actuar con sensatez, primero hay que pensar. Pero pensar requiere tiempo, pausa y atención: tres ingredientes que escasean en una cultura de la inmediatez y el impulso.
La falta de análisis se traduce en una incapacidad para diferenciar hechos de opiniones, argumentos sólidos de falacias, o intenciones sinceras de ataques personales. Sin análisis, todo se toma como una provocación. Y sin lectura comprensiva, todo se malinterpreta.
Al final del día, leer para comprender no es solo un ejercicio mental. Es un acto de respeto: hacia el autor, hacia los demás y hacia uno mismo. Porque quien se da el tiempo de entender, se da también el derecho de disentir con fundamento. Y en un mundo tan ruidoso, el verdadero valor no está en quien más grita, sino en quien mejor comprende.
Con Afectos, MMP.

















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