Mayerlin Martínez, periodista y relacionista publica.
En el ejercicio del periodismo suele repetirse una frase que, aunque sencilla, encierra una profunda verdad: los hechos noticiosos no son de nadie, pero las noticias investigadas y minuciosamente tratadas sí son de alguien.
Un hecho ocurre en la realidad sin dueño. Un accidente de tránsito, una decisión gubernamental, una sentencia judicial o una actividad comunitaria existen por sí mismos, independientemente de quién los cuente. Son parte de la dinámica social y, por su naturaleza, pueden ser cubiertos por cualquier medio de comunicación.
Sin embargo, la noticia no es simplemente el hecho. La noticia es el resultado de un proceso. Es la búsqueda de datos, la verificación de fuentes, la contextualización histórica, la consulta de expertos, la revisión de documentos y el cuidado en la redacción. Es, en esencia, una construcción profesional basada en métodos y criterios éticos.
Ahí radica la diferencia.
Mientras el hecho pertenece al dominio público, el tratamiento periodístico serio y responsable tiene autoría. Requiere tiempo, recursos, preparación académica y, sobre todo, compromiso con la verdad. No es lo mismo replicar una información que investigar sus causas, contrastar versiones y ofrecer a la audiencia un contenido completo y equilibrado.
En tiempos donde la inmediatez digital ha reducido los filtros y multiplicado la competencia por ser el primero en publicar, se vuelve aún más importante reconocer el valor del trabajo periodístico riguroso. La rapidez no puede sustituir la profundidad, ni la viralidad puede reemplazar la credibilidad.
Respetar la autoría de una noticia trabajada con profesionalismo no es un acto de ego, sino de justicia. Es reconocer que detrás de cada información bien construida hay horas de entrevistas, llamadas telefónicas, revisión de expedientes y análisis detallado.
El periodismo responsable no compite solo por primicias; compite por confianza. Y la confianza se construye con ética, investigación y respeto por el trabajo propio y ajeno.
Porque, al final, los hechos ocurren.Pero la noticia bien hecha tiene firma.

















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